Permitan que mi relato los sitúe algunos años atrás en la ciudad de Maracaibo, tierra prospera del hermoso país que es Venezuela, y donde una pequeña de sólo 7 años aprendió a mantenerse alegre y con una gran energía a pesar de que fue diagnosticada con Diabetes. Su mamá fue una pieza clave desde el principio, ponía especial cuidado en lograr que Carolina se mantuviera en control, aunque a veces la glicemia era rebelde y no quería bajar, como ella misma lo cuenta. Los cursos en el verano también eran una gran ayuda para conocer más, y fue aquí, en una visita a Caracas, que tuvo su primer contacto con la bomba de insulina, 10 años después de que iniciara su jornada. «¿Pero esto qué puede tener de especial? Muchos hemos sabido de esto de maneras similares», podrían decir algunos. Puede ser que sí; pero lo que vendría después es lo que hace esta historia especial.

Gracias a su curiosidad natural y sus ganas de seguir adelante, Carolina comenzó a investigar más acerca de la bomba de insulina. Desafortunadamente en ese momento en su ciudad natal, sólo un médico conocía sobre el tratamiento con bomba, y los más de 700 kilómetros que la separaban de la capital hacía complicado el pensar en poder tener algún día una. Pero esto no la desmotivaba. Decidió estudiar Ingeniería en Electrónica, y esto la colocó más cerca de los adelantos tecnológicos, en donde por supuesto, como ella lo platica, sus proyectos y búsqueda de nuevo conocimiento se enfocó a conocer todo lo relacionado con el funcionamiento de las bombas de infusión de insulina. Sin embargo, y a pesar de todo esto, dentro de ella existía algo que la hacía dudar, no encontraba a la persona, al contacto que la apoyara para dar el paso final, ese empujón que la animara a colocarse una bomba de insulina, y en ese momento todo se quedaba contenido en un buen deseo. Carolina no se imaginaba que su vida cambiaría completamente por las decisiones que estaba a punto de tomar.

Un pensamiento diferente comenzó a inundar la mente de Carolina: «Me encantan los niños; pero veía muy difícil tener un bebé. Hubo varios médicos en Venezuela que me dijeron que debido a mi Diabetes no podía embarazarme». Para muchos sigue siendo una especie de tabú. Pero nuevamente ella no se quedó con esto y se movió e investigó qué opciones podía tener. Y encontró un médico que le dio esperanza y comenzó a darle luz verde para que encontraran un buen momento para que pudiera buscar tener un bebé, y esto por supuesto la ilusionó mucho. Pero entonces, a principios del año pasado, llegó el momento de tomar un camino diferente, tomar la decisión de moverse junto con Juan Pablo, su esposo, a una nueva ciudad, a Costa Rica, y para Carolina era como tener que volver a empezar, todo lo que había ganado en Venezuela, sobre todo en los últimos años, parecía quedarse atrás. Era una decisión de vida.

«Eres una candidata para la bomba de insulina», es lo que escucha Carolina salir de los labios del Dr. Jiménez, quien además le confirma que es posible que pueda ser mamá, a través de un buen control de su glucosa. Esto además haría que su caso de embarazo con una bomba de insulina fuera uno de los primeros en Costa Rica. Habían pasado apenas unos meses desde que llegó a su nuevo hogar, y todo comenzaba a tener forma, en el lugar y el momento menos esperado, 2 deseos que había anhelado tanto se ponían frente a ella. Pero a pesar de esto, una pequeña sensación de ansiedad la invade y prefiere esperar a diciembre para colocarse la bomba y buscar embarazarse. Faltaba un empujoncito más.

Y fue entonces cuando Tomás decidió ayudar a su mamá. Así fue, Carolina se hizo un chequeo después de su consulta de septiembre con el Dr. Jiménez, confirmando que estaba embarazada: «¿Para qué esperar hasta diciembre mamá?», estoy seguro que habrían sido las palabras de Tomás. «¿Y la bomba? ¿Estoy a tiempo?» es lo que pensaba Carolina cuando hablaba con el Dr. Jiménez, quien le dio la instrucción de ir ese mismo día a que le colocaran la bomba de insulina: «No lo pensé, hice mi maleta y me fui a la clínica». El Dr. Jiménez siempre le dio tranquilidad, y como lo cuenta ella misma, el Doctor irradiaba confianza todo el tiempo: «Todo va a estar bien y aquí estoy».

Cuenta Carolina que lo más difícil fue el conteo de carbohidratos; pero definitivamente su control durante el embarazo fue mucho mejor que inclusive el que tiene ahora mismo, algo de lo que está consiente y sabe que puede mejorar: «Sé que lo puedo comer; pero ya no lo hago. La bomba te da esa libertad y esa conciencia. Me ha quitado la tentación que tenía antes cuando sabía que no debía comer algo y más se me antojaba».

Y es así que Carolina, Juan Pablo y el pequeño Tomás, su milagrito, como ella lo llama, viven muy felices en Costa Rica, buscando salir adelante. Después de poco más de un año con la bomba de insulina, Carolina afirma: «Mi vida con Diabetes ahora tiene Libertad».

Para leer los comentarios del caso, por parte del Dr. Jiménez, visita: http://www.medtronicdiabeteslatino.com/blog/?p=1152

Muchas Gracias a Carolina por compartirnos esta extraordinaria historia.