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Por Catherine Karlik – Cuando descubrí que iba a correr con el equipo de Beyond Type Run, no lo podía creer. En ese entonces, vivía en la ciudad de Nueva York y corría regularmente. Estaba encantada de que después de años de mirar y alentar a los corredores desde una acera en Brooklyn, pronto sería mi turno de salir a las calles de mi ciudad favorita.

En un giro sorpresivo, me mudé a Los Ángeles tres meses antes de la carrera. Dado que estaba ansiosa por ese cambio de vida y la aventura que iniciaría al otro lado del país, mi entrenamiento para el maratón pasó a un segundo plano. En ese momento, el hecho de correr, que es mi forma favorita de aliviar el estrés, se convirtió en un factor de estrés adicional. Sin rutas para correr conocidas y niveles de azúcar en la sangre que luchaban por igualar los rangos normales después de tantos cambios en mi rutina, comencé a preocuparme por mi entrenamiento. Días antes del maratón aterricé en Nueva York, nuevamente, sintiéndome emocionada pero muy poco preparada.

Después de conocer a los corredores de mi equipo con historias inspiradoras y que fueron increíblemente amables conmigo, me sentí más tranquila. Durante el desayuno brindamos por los meses de preparación previa y me sentí muy afortunada de estar rodeada por un grupo de apoyo de personas con diabetes tipo 1. A la mañana siguiente, nos reunimos temprano para dirigirnos a la línea de salida, donde nuestro grupo comenzó a separarse para iniciar la carrera sobre el Puente Verrazano.

Recuerdo que ese puente fue la pendiente más dura de toda la carrera, y tuve que correrlo mientras lloviznaba y después de unas pocas horas de sueño, pero sonreí con tanta fuerza durante las primeras millas que mi cara comenzó a doler mucho antes de que mis piernas lo hicieran. Alrededor de la sexta milla, mis niveles de azúcar en sangre comenzaron a bajar y empecé a sentirme temblorosa. Recuerdo que medí mi nivel de glucosa: era de 84. Ingerí un poco de azúcar y volví a medirme una milla después. Correr, probar, repetir. Durante el resto de la carrera, mi glucosa más alta fue de 120. Esto fue un gran reto para mí porque en las sesiones de entrenamiento usualmente estaba más cerca de 170 y ahí es donde me sentía cómoda. Correr durante horas con mi nivel de azúcar en la sangre oscilando los 90 me inquietó, y pasé mucho tiempo en carpas médicas, probando, volviendo a probar y bebiendo Gatorade con sal mezclada (tan desagradable como parece). Sentí las piernas como plomo, pues no estaban preparadas para el esfuerzo y cuando terminé, había llorado más de una vez. De hecho, en las fotos de la línea de meta, mi cara se baja lo suficiente como para ocultar el hecho de que estoy llorando abiertamente.

Fue increíblemente difícil y frustrante, ¡pero lo logré!

Aquí hay algunos consejos que pueden ser útiles si también corres con Tipo 1. Probablemente, sea imposible estar COMPLETAMENTE preparado, pero:

  • Lleva geles energéticos adicionales o cualquier alimento que funcione para ti.
  • Lleva insulina y una jeringa por si acaso (para mí, esto es más realista que llevar un equipo de infusión de respaldo, pero si tienes espacio, ¡hazlo!).
  • Corre con tu teléfono y asegúrate de que esté cargado.
  • Tómate el tiempo para descansar si lo necesitas y recuérdate a ti mismo que todo va a estar bien y que debes tomarlo con calma.
  • ¡Habla al respecto! Busca un grupo para unirte, o simplemente hazle saber a tus amigos y familiares que estás entrenando y cuénteles cómo va todo. Esto te ayudará a responsabilizarte, pero también formará un sistema de apoyo en el que puedes refugiarte cuando necesites ánimo o consejos adicionales.
  • Conoce más sobre Beyond Type 1 aquí: https://es.beyondtype1.org/