Por: Dr. Carlos A. Antillón Ferreira – Endocrinología Pediátra

La adolescencia es una etapa compleja de la vida, durante la cual los seres humanos logran el proceso de independencia de sus padres. Se deja atrás la niñez, etapa en la que se depende completamente ellos.  La pubertad es el inicio de esta transición.  En las niñas, entre los 10 y 11 años suele iniciar la pubertad y en los varones entre los 11.5 y 12.5 años.  Estas son etapas de muchos cambios, tanto en lo físico como en lo mental y emocional.

Es muy importante que, en las revisiones endocrinológicas, el medico esté pendiente de las señales físicas del inicio de pubertad, tanto en niñas (crecimiento del botón mamario) como en varones (crecimiento de testículos).

Sabemos que el diagnóstico de diabetes tipo 1 suele darse con gran frecuencia en la niñez o durante la adolescencia y que se trata de una condición que requiere un cuidado constante, las 24 horas del día, los 7 días de la semana.  Para lograr mantener un adecuado control de esta condición de vida es necesario siempre trabajar en equipo y establecer los roles de cada uno de los integrantes (persona que vive con DM1, familiares, amigos, endocrinólog@, educadora en diabetes, nutriólog@, psicólog@.)

Surgen varias preguntas:

  • ¿Cuáles son las señales de que mi hij@ ya está list@ para hacerse cargo del manejo de su diabetes?

Desde el momento en el que se recibe el diagnóstico, independientemente de la edad, los niñ@s y jóvenes que viven con DM 1 pueden ser partícipes activos, midiéndose la glucosa y administrándose insulina.  Incluso cuando son demasiado pequeñ@s (lactantes y pre-escolares), pueden ayudar con el acomodo de la tira reactiva para el glucómetro.  Al transcurrir los años pueden hacer todo solos, pero evidentemente se requiere la supervisión de los padres para muchas decisiones como el conteo de carbohidratos y el cálculo de las dosis de insulina.  Cada caso es completamente diferente, pero el diálogo constante en familia permite establecer la forma de participar de cada uno.   Cuando el paciente esté listo para cada paso diferente, los padres deben apoyar esa decisión, sabiendo que puede haber errores y que siempre se puede mejorar.  Durante la adolescencia, los pacientes con DM 1, necesitan dar pasos importantes en el manejo de la diabetes, pero es necesario un diálogo constante con los padres.

  • ¿Cómo ayuda la microinfusora en el proceso de independencia de niños y adolescentes?

Evidentemente la terapia con microinfusora de insulina puede ser una gran herramienta para que los pacientes con DM 1 sean mucho más independientes, ya que una adecuada configuración del dispositivo permite el cálculo simplificado de las dosis de insulina y la posibilidad de administrar bolos exactos con la frecuencia necesaria.   Es importante establecer que para lograr éxito con esta terapia el paciente en niñez o adolescencia debe ingresar los carbohidratos ingeridos y el nivel de glucosa que tiene.  Los dispositivos actuales (microinfusora 640 G + monitoreo continuo de glucosa) representan grandes ventajas como la suspensión de administración de insulina por predicción de hipoglucemia.  Para que este sistema funcione, el paciente requiere el uso del monitoreo continuo de glucosa y su adecuada calibración.   La microinfusora de insulina es una gran herramienta que permite mucha mayor flexibilidad en los horarios de la vida cotidiana, lo cual incluye los horarios de alimentación y de levantarse.  En algunos casos, como puede ser la ingesta de pizza o de alimentos con grasa, existe la opción de administrar bolos especiales de insulina (bolo dual).

Los pacientes pediátricos requieren ajustes frecuentes en la configuración de la microinfusora, razón por la cual es necesario establecer las responsabilidades de cada quien.  Por ejemplo, un adolescente puede bajar la información de su dispositivo en el software Care Link y avisarle a su endocrinólog@ directamente o a través de sus papas.  El médico o la educadora en diabetes harán las recomendaciones correspondientes y evidentemente durante las consultas se puede revisar a fondo todo esto.

  • Mi hijo no me comunica sus síntomas o me oculta información cuando come algo inapropiado o se excede en el ejercicio. ¿cómo puedo lograr una mejor comunicación?

Es importante que los pacientes con diabetes tipo 1 y sus familiares estén conscientes de que la alimentación debe ser balanceada y aprender a darse sus gustos con responsabilidad.  No debe haber prohibiciones en términos de alimentación. En un principio, los padres deben establecer la frecuencia en la cual el paciente podrá consumir algún alimento de índice glucémico alto.

Durante las consultas de revisión, que sabemos deben ser al menos cada 3 meses, debemos dedicar suficiente tiempo para revisar que se está haciendo bien y en qué se puede mejorar. Es importante mantener un canal de comunicación entre paciente, padres de familia y equipo médico.  Los adultos debemos entender que los adolescentes se van a animar a tomar decisiones y que no siempre serán adecuadas. Nuestro rol es cuestionar cuando observamos una acción que no fue la correcta y buscar una mejor toma de decisiones.   Debemos escuchar primero la razón por la cual se tomó una decisión y analizar los resultados. Todo esto es mucho más sencillo si tenemos un sistema de monitoreo continuo de glucosa y una microinfusora de insulina.  No juzguemos a los niñ@s y jóvenes con diabetes, pero si cuestionemos sus decisiones, aplaudamos las correctas y critiquemos constructivamente las que nos parecen equivocadas.  Para los papás, recuerden que sus hij@s son más importantes que la diabetes como tal.  La diabetes es una condición de vida, pero no define a un ser humano.

  • ¿Cómo puedo proteger a mi hij@ de los comentarios negativos de sus compañeros de la escuela?

Si desde el momento del diagnóstico vemos a la diabetes como una condición de vida y no, como una enfermedad, será mucho más sencillo.  Aprendamos a expresarnos: siempre será mejor decir “vivir con diabetes” a decir “soy diabético”.  Fomentemos la educación en diabetes en todos los entornos, principalmente el familiar y el escolar.  Acérquense a grupos de apoyo para personas que viven con diabetes y cuando alguien les haga preguntas acerca de la diabetes, expliquen con calma. La falta de “educación en diabetes” es un problema real y considerable, pero solo se supera con empoderamiento y fomentando la educación en diabetes.

  • ¿Qué sucede si le doy libertad a mi hij@, pero siento que los resultados no son los adecuados o no maneja adecuadamente su condición?

Es como cuando aprendemos a manejar. No le voy a dar las llaves del coche a mi hij@ si no ha recibido un curso de manejo y si no tiene una licencia o permiso para manejar.  Los pacientes con diabetes tipo 1 a veces se van a equivocar, igual que cuando aprendemos a manejar.  Primero los debemos acompañar y deberán cumplir un cierto número de horas, manejando su diabetes acompañados de un adulto, hasta que lo puedan hacer solos.  Sin duda, es importante tener una forma de evaluar los avances con el equipo médico.  Por ejemplo, si el paciente usa una microinfusora con monitoreo continuo de glucosa, es indiscutible que, durante la adolescencia, deba ser capaz de colocar el catéter sin ayuda, debe administrarse los bolos de insulina e ingresar las cifras de glucosa cada vez que come.    Si le damos libertad a los hijos y los resultados no son los adecuados, tenemos que buscar formas de ayudar.  El seguimiento médico puede ser una gran herramienta ya que son momentos para evaluar lo que se está haciendo.

Un punto clave es destacar primero todo lo positivo, reconocer los avances que se están teniendo en base al esfuerzo del paciente. Preguntar cómo se está sintiendo en la vida cotidiana la persona, tanto en familia como en la escuela. Luego analizar las dificultades y ver cómo enfrentarlas de mejor manera.

 

Dr. Carlos A. Antillón Ferreira

Endocrinología Pediátrica

Ciudad de México. Hospital Español y Centro Médico ABC Santa Fe.

Twitter: @antillonendop

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