Durante nuestra experiencia e intercambio con la comunidad de personas que viven con diabetes, los padres por lo general nos relacionan con la angustia, el miedo y a veces hasta la desesperación que sienten cuando por primera vez se le diagnostica diabetes tipo 1 a su hijo pequeño o adolescente. Aunque actualmente la tecnología y los extraordinarios avances en el campo médico nos ofrecen una gran variedad de oportunidades terapéuticas que permiten a estos jóvenes tener una vida feliz, prolongada y satisfecha, los sentimientos que se experimentan en el momento del diagnóstico suelen ser conmoción y negación, seguidos de la pregunta “¿Y ahora qué?”. Muchas veces, esto es causa de la falta de educación y conocimiento sobre la afección.

Hoy no compartimos la historia desde la perspectiva de los padres ni de los cuidadores, sino desde la de María de los Ángeles, quien a pesar de sus apenas 13 años, todavía puede recordar con exactitud el momento en el que recibió el diagnóstico.

¿Cómo fue para su hijo regresar a su vida luego del diagnóstico?

Desde la región de Manizales, una hermosa área montañosa de Colombia donde se produce café, María de los Ángeles tenía 9 años cuando le informaron, tras ser ingresada en el hospital, de que su páncreas había “muerto” y que ahora debía compensarlo con insulina por el resto de su vida. María y sus padres viven en un rancho, donde gran parte del alimento que consumen se produce allí orgánicamente. De esta manera, pudo identificarse completamente con el concepto de muerte ya que entendió el ciclo de la naturaleza y aprendió a respetarlo: el pollo que estaba en el plato al atardecer era el mismo que anduvo corriendo libremente a la mañana. Pero… ¿un páncreas “muerto”?

Uno de los cuidadores del hospital le dibujó una representación de lo que estaba ocurriendo y le explicó con paciencia el motivo de su malestar durante el último tiempo. Tanto ella como sus comprometidos padres, quienes no se habían alejado de su cama en ningún momento, comenzaron a comprender el motivo de por qué nunca podía saciar su sed y se levantaba varias veces durante la noche para pedir más y más agua, por qué tenía que ir al baño una infinidad de veces al día y, sobre todo, por qué ya no tenía ganas de jugar con sus amigas. Básicamente, por qué se había convertido en una María distinta…

Sin embargo, después de eso, la vida continúa. Una de las cosas que María de los Ángeles pudo entender muy bien fue la necesidad de llevar una dieta saludable, como le explicaron los médicos en su momento, gracias a los alimentos orgánicos que se encontraban a su alrededor y que ellos mismos cosechaban. Alimentarse saludablemente y evitar el consumo de azúcar le resultó sencillo, de hecho, disfruta casi del mismo modo de una buena manzana. La parte que le resultó más difícil fue verse diferente a sus compañeros y amigos, a su comunidad y a sus iguales. Lo difícil fue dejar de pertenecer a ninguna parte de forma repentina, lo que por lo general damos por sentado, pero que es fundamental para las personas que se encuentran en pleno crecimiento. Cuando asistió a una fiesta de cumpleaños, poco después de recibir el diagnóstico, no se sintió mal por no poder probar la torta, sino que lo que verdaderamente le entristeció fueron las miradas de lástima y la repentina distancia fría que la gente mostró, como un grito silencioso que decía: “ahora eres diferente a nosotros”.

Sin embargo, María de los Ángeles es una verdadera luchadora. Como se decía a sí misma, es probable que a algunos niños incluso les guste recibir un trato especial por ser diferentes, de la forma que sea. Pero no es su caso. Ella no deja que la diabetes la defina, la obsesione ni la detenga. Quiere vivir una vida libre de victimización, pero eso no es todo: espera que le exijan tanto como al resto. De hecho, cada día se exige a sí misma, más allá de sus límites, porque su diabetes no le impone barreras. Está trabajando muy duro, más que cualquiera, para lograr su sueño más importante y la diabetes es tan solo un mero detalle.

¿Les gustaría saber cuál es ese sueño? En el próximo episodio de su historia, les revelaremos más sobre María de los Ángeles y por qué representa un grande ejemplo de vida para muchos niños y adolescentes que padecen diabetes tipo 1, gracias a su increíble actitud y perseverancia.