La diabetes tipo 1 no es impedimento para internarse en la naturaleza profunda y hacer trekking o rafting. Algo que probó en terreno D-experience, un proyecto que juntó a 13 aventureros de Latinoamérica con esta condición, para recorrer el valle de Cochamó, en la Región de Los Lagos.

 

‘El segundo día fue el más duro de todos’, recuerda hoy la deportista y operadora de turismo Carola Fresno, sobre el momento que más la impresionó del último trekking que hizo junto a Runology Proyect (el grupo de running en la naturaleza que dirige junto a la nutricionista María Teresa Onetto y la periodista Soledad Hott), el que tenía un elemento especial: el grupo de veinte personas que guiaba incluía a 13 diabéticos tipo 1, que venían a probar en terreno cómo esta condición no era impedimento para sumergirse en la naturaleza para un circuito exigente.

Ese día, avanzaban por un sendero especialmente accidentado. Eran ocho kilómetros de una huella resbalosa y húmeda, llena de raíces y rodeada de árboles nativos, que los conducirían hasta el Anfiteatro de La Junta, el destino final de la jornada y premio para tanto esfuerzo. Desde ahí se ve una caída de agua escondida entre los montes y hay una panorámica de todo el valle de Cochamó, un lugar de gran belleza escénica, 94 kilómetros al este de Puerto Varas, en la Región de Los Lagos.

Carola no lo olvida. Estaban en el último tramo del camino, justo donde comienza un ascenso hacia una enorme pared de granito, cuando decidieron parar. ‘Nos quedaba una hora y media de trekking por un camino que se recorre entre medio de las rocas de un río, donde hay que alternar la caminata con la escalada, cuando vimos que todos estaban exhaustos. Ahí dudamos. Les preguntamos si querían continuar. La respuesta fue unánime: nadie se quedó’, dice. Lo que siguió fue la parte más dura de la marcha. ‘Al final, podía mirar sus caras y ver que todos estaban realmente muertos de cansancio, pero al mismo tiempo se veían felices: lo habían logrado… Ese día hacía calor y ya en el Anfiteatro nos metimos al agua. Fue épico’, recuerda.

Claro. Todo esto había partido antes. El 4 de marzo, veinte personas abordaron un bus en Santiago con destino a Puerto Varas, para luego dirigirse a Cochamó, el valle del río del mismo nombre que desemboca en el Estuario de Reloncaví. Ahí comenzaría D-Experience, una iniciativa desarrollada por Runology Project con un objetivo especial: demostrar e inspirar a personas con diabetes que este tipo de excursiones de varios días en la naturaleza, y cierta exigencia física, son perfectamente viables para quienes viven con esta condición.

Las tres amigas y líderes de Runology, que llevan tiempo realizando expediciones juntas, querían replicar aquí algo de la experiencia que habían desarrollado en viajes a destinos como Futangue, Torres del Paine o Utah, en Estados Unidos, donde se han internado por algunos de los rincones naturales menos visitados, haciendo trekking o rafting, entre otras actividades al aire libre. Pero D-Experience era un plan completamente diferente a cualquier expedición que hubieran intentado antes: un programa en terreno pensado específicamente para personas con diabetes tipo 1.

La idea la impulsó María Teresa Onetto, nutricionista del equipo y quien, gracias a la experiencia que ha ido acumulando en congresos internacionales para su trabajo en la Universidad Católica, conoció algunas innovadoras iniciativas que abordaban la relación de la diabetes y el deporte. ‘Me inspiré en el trabajo que organiza World Diabetes Tour. Ellos han ido con grupos estadounidenses o europeos a la Gran Muralla china, al Kilimanjaro o al Mont Blanc, y aunque eran viajes increíbles, los sudamericanos siempre quedaban fuera. Como conozco mucho del tema, y con Runology ya tenemos experiencia organizando viajes, quisimos intentar algo similar, pero en Chile’, explica María Teresa.

De esta manera comenzó la planificación del circuito que realizarían —cinco días en Cochamó— y para el que se sumaron 13 personas con diabetes tipo 1 (ocho de Chile y cinco venidos de Argentina, Brasil, México, Colombia y Costa Rica; todos entre 22 y 51 años). Ellos, acompañados por dos diabetólogos, dos camarógrafos y las tres organizadoras (más el respaldo de Medtronic), tendrían un propósito claro: probarían en terreno que es perfectamente posible realizar una actividad deportiva de alta exigencia física, complementada con los cuidados necesarios, sin que su condición fuese una barrera.

‘Hacer deporte cuando se tiene diabetes no es fácil. Requiere mucha planificación, y tienen que llevar muchos insumos y conocer muy bien la enfermedad. Es mucha la parte médica y logística que hay que tener en cuenta. Nosotros, por ejemplo, siempre teníamos contacto con un helicóptero que estaba a 20 minutos, a la espera en caso de algún imprevisto’, explica María Teresa.

Trekking para valientes

Extensas caminatas por senderos cubiertos de selva valdiviana y rodeados por cerros de granito. Pequeñas escaladas sobre rocas del río Cochamó, un rafting en el río Petrohué. Ese tipo de actividades se habían pensado para el itinerario que realizarían los participantes de D-experience en Cochamó, donde cada uno debía sumar al equipamiento de trekking los implementos básicos para afrontar la diabetes (medidores de glicemia, lancetero, tiritas e insulina).

Así se lanzaron a la primera caminata apenas llegaron a Coachamó: hacia La Junta, un sitio natural 8 kilómetros al noreste en el valle, donde estaba el refugio que serviría como centro de operaciones para los primeros tres días de viaje. El itinerario incluía el ya mencionado trekking de 12 kilómetros y 800 metros de desnivel entre La Junta y el Anfiteatro, programado para el segundo día, y luego la subida a un cerro de granito de 1.000 metros de alto: el Trinidad, al que algunos llaman el ‘Yosemite chileno’. Completado esto, al cuarto día volverían a Cochamó para tener una tarde libre y prepararse para la última actividad: un rafting para bajar el río Petrohué, en el norte de Cochamó.

Un itinerario variado y exigente, que requería mucha atención y precaución, tomando en cuenta que más de la mitad del grupo tenía que estar constantemente pendiente de sus índices sanguíneos, ya que el ejercicio altera los niveles de glucosa. ‘Por eso exigimos que viniera gente que realizara deporte como mínimo tres o cuatro veces por semana. Si no esto iba a ser un caos’, dice María Teresa Onetto, quien explica que el tipo de diabetes que tienen los participantes es de origen genético. ‘El tipo 1 usualmente se activa durante la infancia, sin importar los buenos o malos hábitos alimenticios que se tenga’, detalla. Y agrega: ‘Buscamos gente que tuviera este tipo de diabetes porque son personas que ya saben vivir con esto. Para ellos el ejercicio es algo muy positivo, pero también es muy desafiante y siempre tienen que llevar una bomba de insulina con ellos. Esto quiere decir que llevan un aparato conectado al cuerpo que les va midiendo sus niveles de azúcar en la sangre’.

En Chile, explica ella, la Ley Ricarte Soto financia bombas de insulina para el tratamiento de la diabetes tipo 1, una enfermedad muy cara. Gracias a este equipo, los que viven con esta condición pueden llevar una vida más normal y hacer ejercicio de forma segura. ‘Para ellos, el deporte es mucho más beneficioso que para las personas comunes, pero requiere de muchos ajustes. Que sepan regular sus niveles de insulina, que conozcan muy bien su cuerpo para saber qué comer si les baja la glicemia, cuánta insulina ponerse y conocer cómo reacciona su organismo’, dice.

Para D-experience, esto significó tomar resguardos. Paraban cinco minutos cada media hora para que los participantes midieran sus niveles de insulina, y comieran o se inyectaran en caso de necesitarlo. También llevaban un set completo de colaciones especiales, además de cánulas (el tubo que conecta la bomba de insulina con el cuerpo), pastillas de glucosa e inyecciones, además de los dos especialistas: el diabetólogo chileno Bruno Grassi y la doctora estadounidense Lisa Norlander, de la Universidad de Standford, que ha acompañado a grupos de diabéticos en otros trekkings.

Sin miedo por el Petrohué

El Petrohué emerge como un torrente poderoso desde el lago Todos Los Santos, al este del volcán Osorno, para desplegarse hacia el sur, hasta el Estuariode Reloncaví, donde desemboca. Este río es además el escenario para un rafting donde se pueden apreciar volcanes paisajes intensamente verdes. Una bajada en balsa muy popular y atractiva, pero que podría complicarse si no se toman las precauciones necesarias. Sobre todo, cuando varios de los expedicionarios que irán en la balsa tienen diabetes tipo 1.

Muchas veces las agencias que realizan estos paseos, dice Carola Fresno, no dejan que personas con esta condición se suban a las balsas, por miedo y desconocimiento de la enfermedad. Y a veces son las propias personas que tienen esta condición las que temen tener problemas con su bomba de insulina, o que mientras están en el río les dé una hipoglicemia (cuando el azúcar baja a niveles extremos y se generan temblores, palpitaciones e incluso convulsiones) y nadie sepa qué hacer. Pero aquí iban seguros. ‘Si alguno le pasaba algo, había 19 personas alrededor que sabrían cómo actuar, y cada balsa llevaba kits de inyecciones, máquinas y pastillas. Podíamos solucionar cualquier imprevisto’, dice Carola.

Como sea, nada de eso fue necesario, y tras dos horas y media de navegación hacia el sur, desde el kilómetro 40 de un pueblito cordillerano llamado Ensenada, ya estaban camino al restaurante Mesa Tropera de Puerto Varas, con la cabeza puesta en las pizzas y cervezas con que celebrarían el fin de la aventura.

Para María Teresa Onetto, este viaje fue especial porque los protagonistas podían reconocerse en sus compañeros ‘En Chile hay 14 mil personas con diabetes tipo 1 y la posibilidad de que una persona con esta condición conozca a otra es baja. Mientras que la probabilidad de juntar a 13 personas con diabetes a hacer deporte es casi nula’. Pero también fue particular porque no hubo consideración en cuanto a la exigencia deportiva: ‘No fue algo suave como subir el San Cristóbal; para cualquier persona, con o sin diabetes, esta experiencia habría sido agotadora’.

Cumplido el objetivo, y tras su primer D-experience, las emprendedoras de Runology ya se encuentran organizando más viajes. De partida, piensan repetir la experiencia en Brasil. ‘La idea es que D-experience siga y que en el futuro podamos replicarlo una vez al año’, dice María Teresa.

 

-Marcela Saavedra Araya-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente Digital: NexNews Portal

Fuente Escrita: NewNews Prensa Escrita

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